Nivel 5. Patromonial:
Sierra de Zapalinamé un tesoro
natural, histórico y cultural
La Sierra de Zapalinamé es un espacio de gran valor ecológico, paleontológico e histórico. Sus fósiles marinos revelan su pasado sumergido, mientras que sus vestigios culturales y arqueológicos reflejan siglos de historia. Su conservación es clave para preservar su legado natural y cultural.
Legado paleontológico
TESTIMONIO FÓSIL Y CONSERVACIÓN DEL PATRIMONIO
No estaría completa la protección de nuestra biodiversidad sin tener en cuenta
la increíble riqueza paleontológica con la que cuenta el norte del país, en
especial parajes como el de Rincón Colorado, en General Cepeda, o vestigios
del Mar de la Muerte que se hallan al norte del municipio de Múzquiz, los
cuales albergan lo que ha sido llamado por estudiosos del tema como “Joyas
paleontológicas”.
La Sierra de Zapalinamé, sin llegar a tener una riqueza paleontológica como la
de estos lugares, posee su propia relevancia en el entendimiento de la geología
e hidrología actual, datando los sedimentos más antiguos de la sierra del
periodo Jurásico Superior hace 150-135 millones de años, cuando lo que hoy
sería la región sureste de Coahuila era de aguas profundas.
FÓSIL EN LA SIERRA DE ZAPALINAMÉ
Durante el Cretácico temprano (hace 135-92 millones de años), la actividad orogénica que dio origen a las montañas cesó en el noreste de México, formó “arrecifes coralinos” en la antigua península de Coahuila (aunque, de hecho, cerca de la mitad estaban constituidos por algas calcáreas).
Debido a que, durante la mayor parte de su historia geológica, la Sierra de Zapalinamé ha sido marina, en ella se encuentran diversos tipos de fósiles como conchas (bivalvos), caracoles (gasterópodos) y amonites, típicos de la era Mesozoica; tiempo en el que también habitaron otros animales de gran tamaño, como cocodrilos, reptiles marinos y voladores, y en tierra firme, los dinosaurios. Aunque no se han encontrado fósiles de estos últimos, en los límites de la Sierra de Zapalinamé, en la vecina Sierra de Arteaga, han sido encontrados algunos ejemplares, lo cual permite afirmar que es posible encontrarlos también aquí. Ante el reto de proteger esta invaluable riqueza, es de vital
importancia el registrar adecuadamente y proteger los sitios de interés paleontológico del saqueo, favoreciendo su estudio in situ y que este sea realizado por personas profesionales expertas en la materia. Conscientes de la necesidad de dar a conocer estos descubrimientos al público y no guardarlos en colecciones privadas; debemos fomentar la creación de alianzas con investigadores e instituciones como el Museo del Desierto y el Instituto Nacional de Antropología e Historia; así como mantener las acciones de vigilancia, protección del patrimonio, ordenamiento de la recreación y fomento a la investigación.
Siempre estamos buscamos asociarnos con líderes para un cambio global.
En la medida en podamos comprender mejor el pasado geológico y paleontológico de la Sierra de Zapalinamé y los procesos que dieron origen a esta, es que tendremos información para aprovechar de mejor manera los recursos hídricos del manto freático y nuestra sobrevivencia como especie en el presente.
Huellas de la historia
VESTIGIOS DE BATALLAS, INDUSTRIA Y PATRIMONIO CULTURAL
El territorio de la Sierra de Zapalinamé ha sido escenario para diversos sucesos
importantes en la historia de nuestro país, como la batalla de La Angostura en
1847, en lo que ahora es el ejido del mismo nombre. Producto de esto,
quedaron trincheras donde se guarecieron, tanto soldados mexicanos como
norteamericanos, así como numerosos objetos históricos, ahora resguardados
en museos o en colecciones privadas.
No menos importantes son los sucesos locales, muestra de los cuales, aún
quedan vestigios en la falda norte de la sierra, donde se conservan los restos de
la fábrica textil de Bella Unión, establecida en 1856, así como restos del
acueducto que dotó de agua a esta población. Entre 1920 y 1940, tiempo en
que se llevó a cabo la dotación de tierras para formar los ejidos, el gobierno
trató de sentar las bases para aumentar la producción agrícola, construyendo
las vías de ferrocarril, caminos y veredas que hoy circundan o atraviesan la
sierra; tal es el caso del camino al Diamante, el cual la historia bautizaría
después como Camino del Cuatro.
OBJETOS ENCONTRADOS EN EJIDO HUACHICHIL, ARTEAGA, COAHUILA
ACUEDUCTO BELLA UNIÓN
Es importante la protección del patrimonio histórico, por lo cual es necesario emprender una campaña para evitar el robo de objetos y destrucción de los sitios de interés histórico, tales como puntas de flecha, petrograbados, caleras, cascos de hacienda y mojoneras; favoreciendo su estudio in situ o, de ser indispensable para su conservación, su traslado a museos donde la población local pueda acceder a ellos para su conocimiento.
Entendiendo el pasado,
para proteger el futuro
Biodiversidad y cultura
LA RIQUEZA NATURAL Y CULTURAL DE LA SIERRA DE ZAPALINAMÉ
El concepto de biodiversidad nos lleva a pensar en animales y plantas, sin embargo, incluye toda la variedad de especies vivientes y los ecosistemas que las albergan; así como la diversidad genética intrínseca de las mismas; además, se ha propuesto incluir dentro del concepto de biodiversidad, la agrobiodiversidad y la diversidad cultural humana, en forma de costumbres, lenguas y cosmovisiones (Cruz Angón & Nájera Cordero, 2017), ambas, la riqueza cultural y la riqueza natural son parte de la biodiversidad, y sin una no podría existir la otra.
La riqueza cultural de la Sierra de Zapalinamé se remonta mucho tiempo atrás, desde que los primeros pobladores llegaran al sur de lo que ahora es Coahuila, formando tribus que después se nombrarían como Cuachichiles o Huachichiles, quienes habitaron el valle de Saltillo, conviviendo en ocasiones con Coahuileños,
Pachos o Zacatecos (Valdés, Niño, & Terry, 2013). Con la llegada de los europeos a la región, muchos fueron raptados para ser vendidos como esclavos y otros no fueron sometidos, quienes durante el periodo colonial realizaron frecuentes invasiones en el valle de Saltillo, dando surgimiento a la leyenda a la Zapalinamé, que da nombre a esta serranía.
MINERÍA; EJIDO CUAUHTÉMOC.
VESTIGIOS; LOS CHORROS.
Es importante e inherente a la protección de la biodiversidad la protección del patrimonio cultural, para lo cual debemos hacer un esfuerzo por rescatar el conocimiento perdido, pero especialmente por conocer y registrar las historias.